Llegamos cansados… sí. Con las piernas pidiendo auxilio… también. Pero madre mía…
Llegamos cansados… sí. Con las piernas pidiendo auxilio… también. Pero madre mía lo que nos hemos reído en el Precio Justo. El día mereció la pena de sobra: buen ambiente, anécdotas para rato y ese “no puedo más pero sigo” que nos caracteriza. Si así acabamos de cansados, será porque nos lo hemos pasado demasiado









